En 2017, una agencia estatal contrató a mi equipo para desarrollar una estrategia de mejora para cientos de escuelas que se encontraban dentro del 5 % con los peores resultados.
Sabíamos que los directores eran una de las palancas más importantes para mejorar a las escuelas, y el estado estaba considerando invertir más en capacitación y apoyo para ellos. Queríamos saber: ¿estaban recibiendo los directores el apoyo que necesitaban?
Encuestamos y conversamos con directores y con los distritos escolares, centros regionales de servicios y organizaciones externas que les brindaban apoyo.
Una de las personas que dirigía una escuela tenía nueve “coaches” entre todas estas agencias y entidades. Nueve, en serio.
Nueve personas diferentes que le hacían preguntas para profundizar, compartían recomendaciones y, en ocasiones, le decían qué debía hacer. Eso significaba al menos nueve reuniones al mes, y con algunas de estas personas se reunía semanalmente. Ninguna de ellas, ni siquiera quienes trabajaban para el mismo distrito, coordinaban las prioridades entre una conversación y otra.
Otro director calculó que dedicaba 30 horas al mes a prepararse para recibir su “apoyo”, participar en las reuniones y darles seguimiento.
Estaba tratando de expresar lo absurdo de la situación que estábamos observando, así que me acerqué a una pizarra y empecé a dibujar.
Se veía más o menos así:

Ese dibujo rudimentario se convirtió en algo que ahora llamo mapa de apoyo. No pasó mucho tiempo antes de que el estado reasignara millones de dólares que se estaban destinando a un “apoyo” descoordinado y abrumador.
Durante el año siguiente, aumentó la satisfacción de los directores y disminuyó el número de quienes señalaban a las prioridades contradictorias como una barrera importante para la mejora.
Este es el caso más extremo que he visto, pero desde entonces he utilizado mapas de apoyo; solo se necesitan unos cinco minutos para hacer uno.
Tome una hoja de papel o acérquese a una pizarra. En el centro, escriba el nombre del grupo de personas o de la persona a quien está más comprometido a apoyar en este momento. Llamaremos a esto, su objetivo.
Algunos ejemplos de objetivos, son:
- Estudiantes con dificultades de lectura
- Nuevos directores de escuela
- Docentes que están implementando un nuevo currículo
- Organizaciones beneficiarias de subvenciones
A continuación, escriba todas las formas de apoyo que sabe que su objetivo está recibiendo, ya sea que usted las proporcione o que provengan de otra fuente. Colóquelas en cualquier parte de la página.
Ya casi termina.
Observe los distintos apoyos y pregúntese:
- ¿Qué nota?
- ¿El apoyo es suficiente?
- ¿Es demasiado para que su objetivo pueda asimilarlo y/o actuar en función de él?
- ¿Está coordinado?
- ¿Cree que funcionará?
Si es demasiado o está descoordinado, empiece por identificar aquello que más quiere que su objetivo tenga o haga. A partir de ahí, elimine lo que sobre y coordine lo demás.
Me sorprende la frecuencia con la que simplemente hacer visible cómo están organizados los apoyos ayuda a las y los líderes a mejorarlos rápidamente.

