Todos conocemos la supuesta definición de locura: hacer lo mismo una y otra vez y esperar un resultado diferente.
Y, sin embargo, en educación seguimos haciendo algo sorprendentemente parecido.
El ciclo suele ser más o menos así:
- Nos recuerdan que los resultados educativos están muy lejos de ser suficientemente buenos; los resultados de PISA; la pérdida de aprendizajes durante la pandemia; A Nation at Risk, si queremos remontarnos un poco más.
- Declaramos apasionadamente: TENEMOS QUE HACER ALGO.
- Nos hacemos una pregunta imposible: ¿Qué funciona a gran escala, rápidamente y de manera costo-efectiva?
- Encontramos una intervención que ha producido resultados prometedores cuando se implementa bien como parte de un enfoque coherente: la ciencia de la lectura, tutoría intensiva, álgebra en octavo grado, PBIS, RTI, comunidades profesionales de aprendizaje; elija la década que prefiera.
- La incorporamos a sistemas que a menudo no tienen la capacidad ni la coherencia estratégica necesarias para implementarla eficazmente.
- Nos decepcionamos cuando los resultados no están a la altura de las expectativas.
- Cambian las prioridades de financiamiento; cambian las personas que lideran; la intervención pierde fuerza.
- Repetimos el ciclo.
Pensé mucho en este ciclo esta semana porque aproximadamente dos docenas de personas, tanto dentro como fuera del ámbito educativo, me enviaron un artículo de The New York Times que clasificaba 30 ideas para mejorar las escuelas estadounidenses según su efectividad y costo.
La ironía es que, después de clasificar las 30 ideas, el artículo llega a una conclusión razonable: ninguna intervención por sí sola es suficiente; lo que funciona depende de las necesidades de las y los estudiantes y docentes en un lugar determinado; y las buenas ideas solo funcionan cuando podemos implementarlas bien y mantenerlas a lo largo del tiempo.
Y, aun así, la premisa del artículo sigue alimentando el mismo impulso colectivo:
¿Cuál es la solución que va a resolver los problemas de los resultados educativos?
No existe una. Nunca ha existido.
Llevamos décadas buscando soluciones mágicas, y esa búsqueda en sí misma es una parte importante del problema.
Lo que he visto funcionar es empezar con las y los estudiantes que tenemos frente a nosotros, tener claridad sobre lo que necesitan, desarrollar la capacidad para ofrecerlo bien; tomar decisiones alineadas sobre cómo utilizar el tiempo, las personas y el dinero que tenemos; seguir aprendiendo y hacer ajustes.
Esta semana, me estoy haciendo dos preguntas:
¿En qué estoy contribuyendo yo a este ciclo?
¿Y cómo puedo ayudar a las personas con las que trabajo a salir de este?
Estoy con usted,
Rob

