Dos errores que veo con frecuencia

Este tema va a tocar una fibra sensible para algunas personas. Pero se lo prometo: si estuviera escribiendo específicamente sobre usted, primero se lo consultoría.

En varias organizaciones, estoy notando dos patrones que parecen ser opuestos:

  1. Cambiar de rumbo demasiado rápido.
  2. No cambiar de rumbo lo suficientemente rápido.

Mi hipótesis, todavía en desarrollo, es que en realidad son la misma cosa: evitar la incomodidad. Permítame explicarle…

Cambiar de rumbo demasiado rápido.

Esto suele ocurrir con los programas.

Imagine que ha adoptado un nuevo currículo de lectura, los docentes necesitan aprender a utilizarlo, el grupo de liderazgo necesita apoyarlos, las y los estudiantes necesitan suficiente tiempo de adaptación para que cualquier mejora se refleje en sus resultados de lectura. Todo esto puede tomar un tiempo.

Pero la presión empieza mucho antes: ¿Realmente está funcionando? ¿Por qué no están mejorando los resultados? ¿Deberíamos probar otra cosa?

A veces, las organizaciones responden cambiando el currículo, el modelo de enseñanza o la estrategia antes de haber aprendido realmente si funciona. Las fundaciones también hacen esto con sus prioridades de financiamiento.

Si lo hace con suficiente frecuencia, puede pasar años cambiando de una idea prometedora a otra sin implementar ninguna durante el tiempo suficiente para ver sus frutos.

Por eso es importante lograr avances tempranos y dar seguimiento a indicadores que nos permitan saber si vamos por buen camino. (Un tema para otro día).

No cambiar de rumbo lo suficientemente rápido.

Con las personas, a menudo veo el patrón contrario: aferrarse demasiado tiempo.

En ocasiones, puede haber cada vez más evidencia de que una persona no encaja bien en un puesto, que la organización cambió, que la estrategia cambió, que el puesto ahora requiere algo diferente, o simplemente, que no fue la mejor contratación.

Y, aun así: se espera otro trimestre, hay otra reestructuración u otro plan de acompañamiento.

A veces, tener paciencia es exactamente lo correcto; las personas crecen, y las organizaciones tienen la responsabilidad de ofrecerles claridad y apoyo.

Pero esperar también tiene costos. Cuando realmente no hay una buena compatibilidad, retrasar la toma de decisiones consume tiempo de gestión, genera incertidumbre en el equipo y evita que la persona encuentre un puesto en el que podría desarrollarse mejor.

Entonces, ¿cómo saberlo?

Cada vez pienso más que estos dos errores tienen una misma raíz: no nos gusta la incomodidad. No es que algunos líderes sean inconsistentes al tomar unas decisiones rápido y otras lentamente; en ambos casos, están evitando la incomodidad. Cuando miro hacia atrás en mi propia experiencia como líder, veo este mismo patrón en decisiones en las que, con el beneficio de la retrospectiva, reconozco que actué demasiado rápido o demasiado lento; en ambos casos, estaba evitando la incomodidad.

Abandonamos programas demasiado rápido para escapar de la incertidumbre. Nos aferramos demasiado tiempo a las personas para evitar el conflicto, la culpa o los cambios que esto podría generar.

Entonces, si está notando este patrón en usted o en líderes de su organización, ¿qué puede hacer?

Primero, busque suficiente espacio mental para reflexionar.

A mí me cuesta muchísimo tomar decisiones estratégicas cuando tengo la adrenalina alta y a la mayoría de las personas también. Cinco minutos después de recibir un correo que le altera, o mientras se come hummus entre una reunión de Zoom y otra (¿solo me pasa a mí?), es un pésimo momento para tomar una decisión importante.

Sólo tenga cuidado de que “no tengo espacio mental para esto” no se convierta en otra forma de evitar la decisión.

Bien, una vez que haya recuperado un poco la calma, estas son tres preguntas que me están resultando útiles para decidir si debemos mantener el rumbo o cambiarlo:

  1. ¿Qué tan sólida es la evidencia?
  2. Si continuamos por este camino, ¿cuál es la historia resultante más probable dentro de 12 meses?
  3. ¿Cuánto está influyendo el dolor o la presión del momento en tomar esta decisión o en la decisión de no decidir?

Puede que necesite más evidencia o puede que ya sepa la respuesta, lo importante es asegurarse de que su decisión se base en su mejor criterio, incluso si eso significa atravesar un poco de incomodidad a corto plazo.

Estoy con usted,
Rob


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