En boletines recientes, he compartido un marco que utilizo para diseñar programas educativos: un usuario en un recorrido hacia un resultado deseado.

Pero ¿qué ocurre cuando el recorrido que ha diseñado no termina de llevar a los usuarios al resultado que busca alcanzar?
A principios de este mes, di una charla en el Foro de Donantes de Centroamérica, en la que destaqué el trabajo de varias organizaciones guatemaltecas que están construyendo puentes entre la educación y las oportunidades económicas.
Dos de ellas, MAIA y Cooperative for Education (COED), son organizaciones educativas con las que he tenido el honor de colaborar durante varios años.
Ambas logran tasas de graduación de secundaria varias veces superiores a los promedios de referencia en las zonas donde trabajan. Sin embargo, al escuchar a cientos de estudiantes y sus familias como parte de sus procesos de planificación estratégica, encontramos una preocupación recurrente: ¿Qué pasa si me gradúo y no encuentro una oportunidad para poner en práctica lo que he aprendido?
Las y los estudiantes y quienes se habían graduado recientemente estaban señalando una brecha entre el final de su recorrido educativo y el resultado que deseaban alcanzar. Es una brecha que encuentro con bastante frecuencia.
Imagine un programa que prepara a jóvenes que aspiran a ser los primeros de sus familias en asistir a la universidad. Durante el programa, desarrollan sus habilidades académicas, hábitos de estudio y confianza. Al graduarse del programa, están bien preparados.
Pero ¿qué pasa si no pueden pagar las cuotas de solicitud de ingreso? ¿O si no tienen una computadora portátil ni conexión a internet para realizar los trámites de admisión? ¿O si no tienen acceso a becas?
O imagine un programa de formación para el trabajo cuyos participantes se gradúan con las habilidades necesarias para desempeñarse bien en un empleo, pero carecen de los contactos, el transporte o incluso la ropa adecuada para conseguirlo.
A veces, la distancia que queda por recorrer entre el programa y el resultado deseado no puede superarse únicamente mediante la enseñanza y el aprendizaje.
Así es como lo veo:
El recorrido educativo abarca todo aquello que los usuarios pueden aprender, practicar y desarrollar. Si terminan el programa sin las competencias que necesitan, hay un problema con el recorrido educativo.
Pero, en ocasiones, las y los estudiantes terminan con los aprendizajes necesarios para tener éxito y, aún así, no logran alcanzar el resultado deseado. Las barreras pueden ser el costo, la falta de acceso, el transporte o la ausencia de contactos profesionales.

Cuando identifica una brecha como esta, tiene tres opciones:
- Ignorarla. (No es la opción que recomendaría).
- Delimitar mejor el resultado que plantea alcanzar, para que refleje lo que su programa puede lograr de manera realista.
- Construir un puente entre el final del programa y el resultado que busca alcanzar.
Esta tercera opción no necesariamente implica ampliar la oferta de programas. A veces, lo más inteligente es encontrar una organización aliada.
Eso es lo que MAIA y COED están poniendo a prueba. Están creando alianzas con empleadores y otras organizaciones para ayudar a las y los jóvenes a adquirir experiencia profesional, establecer contactos y acceder a pasantías y oportunidades de empleo.

Algunas preguntas para reflexionar: ¿En qué punto termina el recorrido de los usuarios de su programa? ¿Existe una brecha entre ese punto y el resultado que tanto usted como sus usuarios desean alcanzar?
Quizá haya un puente que valga la pena construir.
Estoy con usted,
Rob

